Si te propones ser un mejor padre o
una excelente madre te frustraras fácilmente y tus buenas intenciones caerán al vacío.
Solo se madre o padre recibiendo las alegrías, los compromisos o el cumulo de obligaciones que surgen durante la crianza, veras
con mayor claridad al emprender tremenda responsabilidad.
domingo, 4 de enero de 2015
sábado, 3 de enero de 2015
Propósitos para ser un mejor padre o una mejor madre.
Cada que iniciamos un año nuevo
llegamos cargados de energía, intensiones y promesas. Damos por hecho que ahora
si vamos a tomar las riendas de tremenda responsabilidad, prometiéndonos una y
otra vez ser mejores padres con nuestros hijos. Prometiéndonos que aprenderemos a escucharlos o bien que seremos más tolerante con ellos y hasta les cumpliremos las promesas rotas.
Toda una sarta de pensamientos nos asaltan pues la prioridad es ser un
mejor padre o una excelente madre. Uno se siente animado y hasta preparado
porque ahora si estamos listos para enfrentar lo que venga, pero tristemente no
es así, y no es porque pretenda ser aguafiestas o negativa, no. La realidad es
que iniciaste tus motivaciones desde el exterior, atendiendo motivos externos y
me atrevo a confirmarlo porque lo he mirado una y otra vez cuando de consultar a
familias se trata, familias que terminan frustradas pues ya no saben qué hacer
con sus hijos cuando los problemas los asaltan sin aviso alguno y por más cambios o intentos que hagan por ser mejores padres al
final terminan en crisis, frustrados porque sus propósitos no se cristalizaron,
ese es el motivo del porque tal aseveración. Pero veámoslo desde otro enfoque; la
crianza de tus hijos es todo un despliegue de imprevistos llámesele económicos,
emocionales, educativos o culturales y ni tu ni ellos están preparados para adivinarlos, mucho menos controlarlos. Ser un mejor un padre o una excelente madre dependerá en gran medida de la capacidad que poseas para saber enfrentar las turbulencias de la crianza pues si fincas tus propósitos en factores endebles o del exterior caerá por la borda toda buena intención que te propongas. Las buenas intensiones para ser mejor padre o una
excelente madre deberán ir mas allá de un propósito, pues un propósito solo es un deseo y los deseos caen fácilmente, cuando no se esta preparado para enfrentar imprevistos dejándote una tremenda frustración pues te afianzaste en intangibles pasajeros. Quizá siempre ha sido así, solo retorna un poco al
pasado y recuérdate hace cinco o diez años cuando realizabas tus propósitos de
año nuevo, recordaras como al final del año el ciclo volvía a repetirse o quizá
me equivoque y seas de las personas que al cierre de año estas invadida de
excelentes logros internos.
Ser un mejor padre o una mejor
madre no requiere de buenos propósitos o intensiones va más allá de lo
exterior, demanda entereza para enfrentar un sinfín de responsabilidades que te
invadirán de la noche a la mañana durante la crianza de los hijos. Te exigirá
estar alerta para contribuir con ellos a lo largo de su desarrollo. Te demanda
absoluta sabiduría para saber qué hacer cuando todo se torne gris. Te exigirá de una economía tangible para el sustento diario y antes estas realidades uno no puede quedarse
esperanzado en buenos deseos o propósitos. Ser un mejor padre o una excelente madre se finca en la solidez para responder a la responsabilidad de la crianza,
crianza que resultara cambiante segundo a segundo y será la valía que te habita la
única que te garantizara el como enfrentar todo tipo cambio o imprevisto que surja
en el camino de la crianza a eso le llamo; ser un
excelente padre o madre.
domingo, 21 de diciembre de 2014
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Caprichitos
Si el niño dice,
“Quiero la taza rosada, ¡no la azul!” y la madre ya ha servido la leche en
la taza azul...
A menudo, la madre corre a servirle la leche en la taza que el niño prefiera antes de que éste comience una rabieta. Una taza sea azul o rosa en nada
influye en el desarrollo de un niño, pero si impacta en sus emociones pues lo
preparas para ser un manipulador a futuro.
Miedo a los hijos
Sentir miedo a
los hijos es una situación que a muchas madres sucede y se agudiza a medida que
los niños crecen. Sea al nacer porque tememos amamantarlo o al bañarlo porque
tememos que se nos resbale de las manos tan diminuto cuerpecito. En la medida
que los niños crecen el miedo sigue ahí intentando cumplir la cascada de recomendaciones que se nos
han dado en la historia para criar a un hijo y si fracturamos alguna de ellas el miedo nos paraliza sobre
todo cuando es el primer hijo. El miedo a los hijos tiende a acentuarse en la
medida que los chicos crecen, sobre todo cuando son adolescente o adultos. Cuando son pequeños los niños saben perfectamente como dominar a mama
o papa sea mediante una rabieta, cariñitos que manipulan o vociferaciones como
el ya no te quiero, eres mala, te voy acusar estas y muchas otras situaciones
son generadores de miedos innecesarios. Si aprendiéramos a descubrirlos no te controlarían tan fácilmente. He escuchado y leído infinidad de recomendaciones, métodos,
técnicas o prácticas que hablan de como corregir a un niño sea castigándole, premiándolo,
tiempo fuera y muchas otras recomendaciones que como profesional en el campo de la
infancia sé que este tipo de recomendaciones solo agravan más la situación o
desorientan al niño y como madre la experiencia me dice que uno es la
responsable de intuir cuando estamos permitiendo que el miedo nos paralice, aquel miedo que genera un
hijo y solo nosotras somo responsables de erradicarlos. La fortaleza para discernir el que hacer, intuir lo correcto e incorrecto y la sabiduría para tomar decisiones
aun cuando no sean las correctas son tuyas. Si decimos que ya hemos hecho de
todo y nada funciona solo proyectas que sigues la línea de otros, no haces lo
que te dicta tu intuición e inteligencia, rescatándote en primera instancia a ti
misma de miedos innecesarios. Y permíteme decirte que no hay nada que hacer, solo rescatarte de ese
pequeño tirano que te genera miedo, esa es la hazaña, cuando te rescatas de
ellos haciendo lo que te dicta el corazón descubres que no fuiste una mala
madre por el contrario ellos también aprenden a respetarte y respetarse.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Crisis del niño en la escuela
Una de las crisis más agudas que un niño enfrenta en la escuela es saberse disminuido
por sus compañeros o no ser aceptado. Para contribuir con ellos analiza lo
siguiente:
Si el niño te dice que no lo quieren sus amiguitos no le digas;
-Pues ya no te juntes con el- sentirá que no le das importancia, que son trivialidades y seguirá
permitiendo que otros lo devalúen emocionalmente.
-No hagas caso- es como decirle; deja que te sigan
devaluando, acéptalo, así son los niños, es como beberse a fuerza un sentimiento de inferioridad. Después no preguntes porque tu hijo es tímido,
reservado, miedoso o desconfiado.
Cuando un niño o una niña te platique que no lo quieren en la escuela
acércate a él o a ella, abrázalo con la mirada, con los brazos o con el corazón y dile
que te platique como sucede, como se siente, como es eso, ayúdale a sacar todo
aquello que lo lesiona su pequeño SER que lo expulse, abre tus oídos para escucharlo y
por favor calla, solo calla, al terminar el niño de platicarte observaras el
increíble rostro de un peque feliz porque mama o papa lo escucho y eso que le sucedió
en la escuela paso a la historia pues en casa un adulto le mostró cuan valioso
ES sintió la confianza, supo cómo se hace para tener confianza en EL y la próxima vez que
lo devalúen en la escuela no le importara.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










