viernes, 9 de marzo de 2012

niño bueno, niño malo


Un niño no distingue entre lo que está bien y lo que está mal. Nosotros se lo enseñamos. Le enseñamos de acuerdo con nuestra mente con nuestras normas, con nuestros patrones sociales o culturales. Una misma cosa podría estar bien en el Occidente y mal en el Oriente; una misma cosa podría estar bien en tu casa y mal en la casa del vecino. Y tanto en una, como en otra situación, estamos imponiendo al niño: “esto está bien, lo tienes que hacer, esto está mal, deja de hacerlo”. El niño consigue tu aprobación cuando lo hace, y tu desaprobación en caso contrario. Cuando te hace caso, te pones con­tento y le das una palmadita; cuando no te hace caso, te enfadas, tu actitud corporal se torna tensa, agresiva y hasta llegas a expresarle que ya no lo quieres. Un niño bueno, un niño malo se está gestando gracias a las  imposiciones del adulto.
Naturalmente, has llevado al niño a crear sentimientos de supervivencia. Y el niño empieza a entender que su supervivencia está en juego. Si les hace caso a su madre y a su padre todo saldrá bien; si no, su mente empezara a experimentar el miedo, el rechazo, el temor al abandono y la inseguridad  lo inunda. Son los caudales de emociones que  atraviesa un niño bueno, un niño malo.
Bajo estas polaridades de emociones intento llevarte a comprender el impacto de los sentimientos tanto en el niño como en el adulto. En el niño, está aprendiendo a reconocerlos….en el adulto está cumpliendo como padre o como madre. Y esto no es cuestión de querer darte las grandes lecciones, pues los sentimientos no obtienen títulos. Todo radica en el auto descubrirse, reconocer el tipo de sentimientos que te guían para mostrar  a tu hijo el valor de los sentimientos. El adulto sabe perfectamente cuando está imponiendo y cuando compartiendo,  porque su corazón y la intuición que posee le están dictando lo que está bien y lo que está mal. Así nace la sabiduría de saber cuando estamos en lo correcto o el malestar emocional que nos estruja el corazón al descubrir  que nos equivocamos.
Y no se trata de dejar al niño al libre albedrio, porque así lo dictan los tiempos modernos, las nuevas costumbres, o todo aquello que se esté inventando el mundo…no. Se trata de mostrar al niño sigilosamente, intuitivamente, amorosamente y con gran sabiduría  como cultivar los sentimientos. Sentimientos que le den los andamios de la seguridad, confiado de saber que si se cae sabrá como levantarse, capaz de expresarse, sin temor al rechazo, inteligentemente emocional para aceptar el dolor que provocan sus equivocaciones. Ahora has gestado un nuevo hombre o una nueva mujer impregnada  (o) de HUMANIDAD,

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