lunes, 24 de junio de 2013

Miedo al coco

El miedo es un estado natural en la vida de hombres y mujeres, nos habita desde el día que nacemos y representa el otro polo de las emociones. Es un mecanismo de defensa que a la larga protege nuestra integridad y ese es su preciado valor emocional.  
El miedo en el niño surge a partir de que toma conciencia de sus emociones. Es decir cuando se encuentra frente a frente con la ira, al no ver satisfechos sus deseos. La tristeza porque mama o papa lo dejaron con los abuelitos, quizás la alegría que le dio cuando recibió algún regalo o el avasallante miedo que lo dejo temblando en una crisis incontrolable porque una pesadilla lo despertó.
Todo un abanico de emociones se dan cita en el niño a partir de los tres años o antes. Ahora deberá lidiar con ellas aprendiendo a ser capaz de recibirlas, sentirlas,  familiarizarse con ellas, madurarlas o reprimirlas. Todo dependerá de las fortalezas que le brinde su entorno familiar para entenderlas y sobre todo superarlas.
Veamos algunos factores que pueden ser generadores  del miedo. La escuela es un factor que llega a generar inestabilidad emocional en el niño. Hablo del miedo encubierto aquel muchas veces los adultos lo definimos como rechazo a la escuela, sin embargo para el niño es todo un reto enfrentarse a nuevos adultos, nuevos espacios, compañeritos, nuevas formas de relacionarse. Y si, por algún motivo no encaja con alguno de ellos: detona el miedo en él, manifestándose mediante una conducta de resistencia. Entonces todo se complica, pues sumado a ello mama le genera expectativas;  que la escuela es bonita, que todo va a estar bien, que  va a tener amiguitos, que va a jugar, etc. En pocas palabras mama le asegura que va a ser feliz en la escuela. Sin quererlo está generando un ideal que da por hecho pero no sabe con exactitud, si eso va a suceder realmente en la vida escolar del niño. Otra situación generadora del miedo se deriva de vivir o mirar en casa situaciones desagradables como; discusiones entre adultos, peleas con los hermanos, fuertes llamadas de atención, violencia, quedarse solo con algún extraño, etc.
Estos son algunos factores del miedo y una sugerencia muy importante; no te esfuerces en preguntarle al niño a que le tiene miedo o porque tiene miedo.  A tan tierna edad aún desconoce la palabra miedo, y no sabrá que responderte, solo siente el miedo y la gama de sensaciones que desencadena. Lo idóneo es eliminar en la medida de lo posible los factores que lo alteran y crearle anclajes que  acompañe su sueño como el clásico osito de peluche, o la cobijita preferida que lo abraza. Y si tuviese pesadilla solo bastara con abrazarlo amorosamente sin indagación alguna. Basta un abrazo y comprensión para que vuelva a recobrar el sueño. Y si acaso el pequeño se encuentra dormido o está en crisis; no lo despiertes, solo acógelo entre tus brazos para que vuelva a conciliar el sueño.
El miedo al coco es solo es una etapa pasajera que se esfumara en tanto tengas la capacidad de disminuir los factores negativos que alteran al pequeño, le reflejes confianza, erradiques cuestionamientos o lo obligues a enfrentarlo. Llegara el momento en que el niño se baste a sí mismo para enfrentar sus miedos. Solo requerirá mirar, sentir y recibir de un adulto  grandes dosis de afecto, confianza y empatía para superar el miedo.