miércoles, 28 de octubre de 2026

Un buen remedio para los desordenados

"Mi hijo de siete años, es el rey del desorden. Jamás deja las cosas en su lugar. No cuelga su ropa, su bicicleta aterriza a la mitad de la cochera, deja la ropa sucia donde se la quita, aterriza sus libros en el sofá de la sala cuando llega de la escuela… ¿quiere que continúe? Esto es horrible… parece que me paso el día gritándole y no sirve de nada". ¡Ayúdeme a no quedarme calva de desesperación!

Gritar es una trampa erizada por paradojas. Entre mas se grita menos se logra. Un grito es algo amenazante y el volumen puede lograr por si mismo que el niño obedezca, pero cuando pasa el impacto, generalmente la situación vuelve a la “normalidad”. Gritar es un desperdicio de energía. Invierte usted una buena cantidad de su propio ser y no obtiene nada perdurable a cambio. Entre más grita, más energía consume.

Los gritos expresan frustración y reconocimiento de la propia impotencia. El grito transfiere el control del problema al niño, quien estará encantado de convertirse en el centro de la tormenta, en el ojo del huracán, de tener en sus manos el don de poder  sacar de quicio a los adultos de la familia.

Es indispensable y urgente que haga algo mas constructivo que gritar: tome una hoja de papel y, del lado izquierdo haga una lista de los objetos que el niño deja fuera de su lugar: bicicleta, suéter, ropa, zapatos, etc. Sea muy específica para que no haya lugar a confusiones (“Aquí solo dice suéter” no sabía que estaba incluido mi impermeable, la gorra”). 

A la derecha de la lista haga otra que especifique exactamente el sitio donde pertenece cada artículo, agregue una casilla junto a cada articulo para marcar el estado. Suéter en un gancho dentro del closet ⬜. Bicicleta: recargada sobre la pared de la cochera ⬜. Ropa sucia ⬜: En el canasto del baño ⬜ siete casillas para cada día de la semana.

Busque el momento oportuno y tranquilo para sentarse con su hijo a revisar la lista de objetos y lugares a los que pertenecen: “Esto no ha funcionado bien por eso hice esta lista para establecer las reglas donde deben guardarse las cosas.”

Pegue la lista en la puerta del refrigerador y junto a ella lápiz para registrar el estado de cada articulo.

—Durante los próximos siete días, vamos a llevar un registro de que tan bien vas aprendiendo las reglas de los articulos que usas registrando su estado con una marca. Si dejas algo fuera de su lugar, te lo hare notar, dibujaras una marca en el día que corresponde y pondrás el objeto en su sitio, a cambio te prometo no gritar.

A lo largo de la semana, vigile su obediencia a las nuevas reglas, pero no lo atosigue. Si no quiere poner la marca de desorden en el día correspondiente, póngala usted. Llame su atención no solo a las cosas que deja fuera de su lugar, sino también a las que no ha puesto en su sitio. Al paso de los días, discuta con el su avance o su falta de progreso en términos optimistas y reales.

No ofrezca recompensas a cambio de niveles determinados de desempeño. Si se siente terriblemente conmovida dele una muestra especial de afecto. Podrá suceder que en la primera semana no hubiera resultado importante o que no se lograra casi nada. En ese caso puede pensarse que el niño no esta preparado para dejar de luchar con usted. Si es así, prepárese para entablar una “negociación” a fin de semana. Pegue una nueva hoja de papel en la puerta del refrigerador con un enorme numero 4 en la parte superior.

Convoque a una segunda reunión. Infórmele que estará encerrado en su habitación durante treinta minutos cada vez que obtenga cuatro marcas negativas, y que cualquier marca adicional, se traducirá en otros treinta minutos de encierro. 
Y ahora: HAGA RESPETAR LAS REGLAS. En el fondo, esto es materia de confianza mutua: Usted confía en que el niño obedecerá las reglas y el aprende a confiar en que usted las hará respetar.

Finalmente, adopte una posición de autoridad ante el problema, permitiendo que su hijo la vea sostenerse suave pero determinantemente, sin retroceder ni avanzar un solo milímetro.

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