lunes, 5 de agosto de 2013

Confusión de la identidad

Para formar una identidad, el ego organiza las habilidades, necesidades y deseos de una persona y la ayuda a adaptarlos a las exigencias de la sociedad. Durante la adolescencia la búsqueda de “quién soy” se vuelve particularmente insistente a medida que el sentido de identidad del joven comienza donde termina el proceso de identificación. La identificación se inicia con el moldeamiento del yo por parte de otras personas, pero la información de la identidad implica ser uno mismo. Uno de los aspectos más cruciales en la búsqueda de la identidad es decidirse por seguir una carrera; como adolescentes necesitan encontrar la manera de utilizar esas destrezas; el rápido crecimiento físico y la nueva madurez genital alertan a los jóvenes sobre su inminente llegada a la edad adulta y comienzan a sorprenderse de los roles que ellos mismos tienen en la sociedad adulta. Cuando los jóvenes tienen problemas para determinar una identidad ocupacional se hallaran en riesgo de padecer situaciones perturbadoras como el embarazo, los abortos, las adicciones, las pandillas. El primer peligro de esta etapa es la confusión de la identidad, que se manifiesta cuando un joven requiere un tiempo excesivamente largo para llegar a la edad adulta (después de los treinta años). Sin embargo es normal que se presente confusión de la identidad que responde tanto a su naturaleza caótica respecto a su comportamiento adolescente, como la dolorosa conciencia de los jóvenes para asumir sus responsabilidades. De las crisis de identidad surgen sus virtudes como la fidelidad, la lealtad o la fe en su sentido de pertenencia. O bien los antivalores como las irresponsabilidades, la mentira, la falsedad, las adicciones. Confiar en ellos mismos como adolescentes es una situación que les requerirá de una crisis interna para llegar a vislumbrar la esencia de lo que realmente los integra, los lleva a sentirse cómodos en su entorno y encajar con confianza entre sus iguales y el adulto que lo rodea.