miércoles, 7 de junio de 2017

Saber disfrutar

Uno de los valores que me parece puede enriquecer la vida de todos, es la capacidad para saber disfrutar de los demás. ¿Cómo se enseña a los hijos a disfrutar de los padres, a los padres a disfrutar de los hijos, a los hermanos a disfrutar de las hermanas o las hermanas, de los hermanos? Un paso muy importante es aprender a estar a gusto consigo mismo. ¿Sabes cómo disfrutar de tu persona? ¿Te agrada tu propia compañía cuando estas solo?  Algunas personas se confunden en el sentido que creen que estar a  gusto con ellas mismas las hace antisociales, como quien dice, si disfrutas de ti mismo, no podrás disfrutar de los demás. A mí me parece todo lo contrario. Si no has aprendido a sentirte a gusto con tu propia compañía, será que te preocupas indebidamente pensando en lo negativa (o) que eres y tratando de encontrarte defectos. Así es probable que resultes negativo para otros.
El principio de la alegría del niño con su propia persona empieza cuando aprende a disfrutar de partes de su cuerpo, sus manos, tocar, la sensación de su piel, los colores y sonidos que lo rodean y especialmente el tono de su voz, aunado al placer de mirar a su alrededor.
Puede disfrutar lo que el produce, sus chapoteos, sus regueros y tiraderos. Ver que los adultos  disfrutan de su placer contribuye en mucho a que sienta que la persona también es para disfrutarla. El goce es cuestión de estética, relativamente hablando. Hacemos muy poco durante la crianza normal de los niños para ayudarlos a disfrutar de su persona. Veo tantas familias en donde la idea de criar a sus hijos y ser padres resulta una experiencia formidable y llena de arduo trabajo, histeria y zozobra.
No pienso que divertirse este reñido con ser competente. De hecho, no creo que uno pueda ser realmente competente si no disfruta al mismo tiempo de lo que está haciendo y sienta esa sensación de ligereza. Si todo lo que dice mamá o papá tiene que tomarse con el supuesto peso de la sabiduría y el poder, existe poca oportunidad para desarrollar el lado ameno de las cosas. Enfrentémoslo, el simple hecho que los adultos se conviertan en maridos y padres, esposas y madres no significa que deben convertirse en no personas. Solamente se han transformado  en gentes con nuevas tareas. La familia enseña a los jóvenes como querer. ¿Alguna vez te has puesto a pensar cual es la sensación de amar? Cuando yo la siento, se me aligera el cuerpo, me aumenta la energía y da seguridad, me regocijo y ensancho, estoy sin temor, confiada y segura. Tengo una mayor conciencia de mi propio valor. Existe en mí un profundo conocimiento de las necesidades y deseos de la persona a quien dirijo estos sentimientos. Mi impulso es buscar la forma de unir esas necesidades y anhelos con los míos. Trato de no lastimar ni de imponerme al que amo.
Basada en mi experiencia respecto a la idea de lo que es el amor, encuentro que es un elemento bien escaso en la mayoría de las familias. Oigo mucho acerca del dolor, frustración, desempeño y coraje que los miembros de la familia sienten entre sí. Se pasan tanto tiempo haciendo las cosas correctas y cumpliendo con sus tareas que no hay tiempo para querer y disfrutar.
Ahora demos un vistazo a la situación familiar desde el punto de vista del bebe.
Yo en un tiempo fui bebe pero no recuerdo lo que sentí, a excepción de algunas ráfagas de memoria, tal vez como Tú.
Voy a intentar ponerme en el lugar de un bebe llamado Tito:
“Siento que a veces me duele el cuerpo. Me molesta la espalda cuando me aprieta mi ropita y cuando estoy demasiado rato en la misma posición. Me avisa el estómago cuando tengo hambre y me duele cuando como demasiado. Si la luz me da directamente en los ojos, me lástima porque no puedo mover la cabeza y en los ratos que me ponen al sol, me quemo. Mi piel se acalora al estar envuelto y otras veces se enfría por falta de ropa. Hay momentos en que me arden los ojos y me aburro de tanto mirar el techo. Se me duerme el brazo cuando me acuestan sobre él demasiado tiempo. Siento que tengo mis nalguitas y entrepiernas irritados porque a veces me dejan con el pañal mojado mucho tiempo. Me dan cólicos cuando me estriño. Si estoy en una corriente de aire me da escalofrió.
A veces estoy tan quieto que mi cuerpo se siente seco e incómodo. Me duele cuando el agua del baño está demasiado fría o caliente. Muchas manos me tocan. Me duele que me aprieten. Siento que me manosean y apachurran. Algunas manos parecen tenazas. Todas las manos me empujan, me jalan, me sostienen, otras son fuertes y suaves.
No creo que mi mama sepa cuando sus manos y su voz me lastiman. Creo que si lo supiera trataría de cambiar. Parece tan distraída en ese momento. Cuando las manos de mi mama me lastiman demasiado seguido y su voz continuamente es desagradable empiezo a tenerle miedo. Al acercarse me pongo rígido y me echo para atrás. Entonces se enoja o se siente ofendida. Ella cree que no la quiero, pero en realidad es que le tengo miedo. Después oigo que mama y papa se pelean. Indudablemente es por mi causa. A lo mejor no debí de haber llorado. Otras veces es al revés. 
Virginia Satir.