miércoles, 25 de enero de 2017

Los maestros dicen...

-No es malo, pero es tan activo-
Toda expresión que intente calmar una situación, solo la agrava, lo mejor es contribuir con el niño sin prejuicio alguno.

-No sabe trabajar solo-
Si eso sucede…estas descubriendo una beta para enseñar pero no para prejuiciar o etiquetar.

-Jalonea a sus compañeros o los empuja para dejar algo en claro-
Jalonea porque así aprendió a darse a entender… y los adultos deberían preguntarse ¿quién en casa o en la escuela jalonea al niño?

-No lo hace de mala fe, pero molesta-
Quien nos autorizó como adultos para decir que un niño no lo hace de mala fe, acaso el niño sabe... ¿que es la fe?. Quién ha sentido a flor piel el rechazo, ha sentido cómo hiere el alma y puede comprender a un niño.

-Está en constante movimiento, tiene tanta energía…
La energía se desborda por doquier, porque nadie ha enseñado al niño como es estar en silencio con él o ella, como es estar un segundo, un minuto o unas horas sintiéndose y sintiendo a otros.

-No es que me queje, es un chico agradable y listo pero diferente-
La queja, es la queja y ninguna palabra por muy bonita que se diga oculta la molestia, el desagrado y el rechazo hacia el niño.

-Resulta bien hacerle que se encargue de ciertas cosas, pero si me excedo los otros se ponen celosos-
Quién determino que a un niño con problemas se debe asignarle una actividad especial, extra o tratarlo diferente equivoco la solución porque solo finca falsas expectativas en un alma, le da a entender que es importante y para cuando al adulto no le apetezca atenderlo o tolerarlo  creara tremendas fisuras de dolor, desconfianza y hasta ironía en un pequeño.

-Para uno, como maestro, se vuelve un verdadero problema, ya que se supone que debemos tratarlos igual, pero ¿cómo tratarlo igual? ¡él es diferente!
Cuando descubramos como adultos que la igualdad no es estandarizar conductas, es rociar respeto, desplegar comprensión y abrir el entendimiento habremos acertado en un trato igualitario hacia niños y niñas.

-Pierde sus cosas todo el tiempo, en el dictado se atrasa porque cuando debe borrar no encuentra su goma-
Si el niño está perdido, como no perder sus cosas todo el tiempo. Su goma le da cierto alivio de pertenencia, de sentir que existe.

-Es un niño muy perceptivo, sabe muy bien hasta donde llegar conmigo, me vigila tanto, como yo a él-
A eso no le llamo percepción, a eso le llamo vigilarse mutuamente, porque ninguno de los confía.

-Sabe que me voy a disgustar con él; no obstante, sigue haciendo lo que me enoja-
Claro… porque un día lo trataste bien y al otro día lo trataste mal, porque un día lo atendiste y al otro lo olvidaste, porque un día le diste esperanzas y al otro día lo devaluaste entonces… como no esperar que un niño te haga enojar si ambos saben lo que se hacen mutuamente.

-Si por lo menos tomara los trabajos con calma…pero es como si algo lo empujara a terminar pronto. No puede estar en nada por mucho tiempo-
Si un niño escucha por doquier; apúrate, termina, ya, que esperas, hazlo bien, no te distraigas, atento… como puedes pedirle que esté atento si ha vivido entre  exigencias.

-Si al menos se estabilizara-
Sucederá… cuando el niño contacte con un alma estable, comprensiva e inteligente que lo guié.

-Necesita recreo cada media hora-
Las almas que están atrapadas requieren de respiros constantes o terminaran extraviados.

-Hay días en que me enloquece-

No es el niño quien te enloquece, eres tu quien enloquece por descubrir que como adulto no eres sabio (a) e inteligente con un niño.

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