lunes, 10 de junio de 2013

Inocencia

Los niños pequeños son inocentes; pero no se lo han ganado, es natural. En realidad llegan bajo una cristalina fuente de lucidez, sin contaminación alguna, como una tabla rasa. Aún no poseen aquel apabullante bagaje cultural que el adulto está ansioso por enseñarle, por mostrarle. Está ansioso por enseñarle, por convertirse en su maestro. Y esta ansiedad por mostrar el mundo al niño solo lo llevara a borrar la inocencia de un alma infantil. Inocencia que un día tú y yo la tuvimos. Pero, espera…esa inocencia no está totalmente perdida, el solo hecho de retornar un poco a tu interior la encontraras oculta bajo añejos  paradigmas que se han instalado a lo largo de los años.
La inocencia es valentía y claridad a la vez. No necesitas tener valentía si eres inocente. Tampoco necesitas claridad porque no hay nada más claro, más transparente, que la inocencia. Por lo tan­to, la cuestión consiste en cómo proteger la propia inocencia. La inocencia no es algo que se pueda conseguir. No es algo que tenga que aprenderse. No es algo como un talento: la pintura, la música, la poesía, la escultura. No es como ese tipo de cosas. Es más pare­cido a respirar, algo con lo que naces.
La inocencia está en la naturaleza de todo el mundo. Todo el mundo nace inocente. ¿Cómo puede uno nacer sin ser inocente? Nacer significa que uno ha entrado en el mundo como una tabla rasa, sin nada escrito. Sólo tienes futuro, no tienes pasado. Ese es el significado de la inocencia. Por eso trata primero de entender to­dos los significados de la inocencia.
Lo primero es: no hay pasado, sólo hay futuro. Llegas al mundo como un observador inocente. Todo el mundo llega de la misma manera; con la cualidad de la conciencia.
La inocencia es algo que le sucede a todo el mundo, y cuando empiezas a interesarte por otras cosas, la inocencia se va perdiendo. Cuando empiezas a negociar con el mundo de los adultos, ellos tienen muchas cosas que ofrecerte y tú sólo tie­nes una; es tu integridad, tu dignidad. No tienes demasiado, sólo una cosa, puedes llamarlo como quieras: inocencia, inteligencia, autenticidad. Sólo tienes eso.
Un niño está naturalmente muy interesado en todo lo que ve a su alrededor. Continuamente queriendo tener esto, tener aquello; es parte de la naturaleza humana. Si te fijas en un niño pequeño, incluso en un recién nacido, puedes ver que busca a tientas sus manos, está tratando de encontrar algo. Ha iniciado el viaje. Y en el viaje se perderá, porque en este mundo no puedes conse­guir nada sin pagar por ello. Y el niño no puede entender que lo que está entregando es tan valioso que, aunque todo el mundo estuviese de un lado y su integridad del otro lado, su integridad se­guiría teniendo más peso, más valor. Pero no tiene manera de saberlo. Ese es el problema, porque el niño tiene sencillamente lo que tie­ne y lo da por hecho.

                                                                                                 

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